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martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo

El 8 de marzo se festeja el dìa de la mujer. No está claro cuáles son los hechos que se conmemoran. Las historias convergen en que se recuerda un episodio en el que murieron, quemadas, un grupo de obreras que realizaban una huelga en una fábrica textil de Nueva York. Sin embargo, no hay consenso sobre el año en que se habría producido el triste acontecimiento.

La lucha de la mujer por los derechos que hoy se le reconocen, es larga y muy dura. Durante años se vieron privadas de innumerables derechos. Era impensable que la mujer trabajara y era inimaginable que ocupara cargos públicos. Las universidades eran exclusivamente para los hombres.

La verdad es que la vida de las mujeres se desarrollaba puertas adentro de sus hogares. Luego, empezaron a trabajar. Sin embargo, su sueldo era la mitad que el de los hombres, y por igual tarea.

Pero hoy la realidad es completamente distinta. Hoy, las mujeres estudian, trabajan. Incluso, muchísimas poseen cargos más jerárquicos y mejor remunerados que los hombres. Son jefas de Estados y de Naciones. Ahora, su desarrollo personal se encuentra entrelazado con su desarrollo profesional. Eligen a sus parejas, deciden cuántos hijos desean tener. En definitiva, son libres.

Pero no todas las mujeres gozan de tales libertades. En algunos países son tratadas como si fueran cosas. Tienen los mismos derechos que una mesa, como si una mesa anhelara, amara o sufriera. Son apedreadas o lapidadas. Son víctimas de cantidades de abusos.

Pero incluso en occidente existen millones y millones de casos de violencia, física y psicológica. Las soluciones son escasas y poco efectivas.

La justicia es lenta, y el acceso a la misma no siempre es justo. La violencia de género es, sin lugar a duda, un flagelo que está más cerca de lo que creemos.

La discriminación hacia las mujeres data, como dijimos, de largo tiempo y se asienta en núcleos duras de las personas, y de las civilizaciones. En esa condición radica, muchas veces, la dificultad de su destierro. Son situaciones naturalizadas, que no son puestas en duda, que no se cuestionan.

Quizás uno de nuestros mayores compromisos como ciudadanos de este mundo sea cuestionar las formas dadas, sentar en el banquillo del interrogatorio aquello que nunca ha pasado por allí.

Quizás, sea nuestra obligación.

Hasta la próxima, siempre…

Winston Smith

domingo, 27 de febrero de 2011

Símbolos

Elegimos destacar, de la semana pasada, dos acontecimientos sociales que merecieron nuestra particular atención. Por un lado, el anuncio de la Presidenta Cristina Kirchner del lanzamiento del programa “Deporte para Todos” y, por el otro, la creación de la Casa Patria Grande Néstor Kirchner. Dos hechos muy distintos que guardan una relación estrecha.


Como le había tocado al fútbol, sin duda el deporte más popular del país, ahora fue el turno de extender el beneficio a los demás deportes que, no por menos populares, dejan de tener una significativa importancia social y cultural. Ampliar la cantidad de disciplinas que pueden verse por televisión y posibilitar que la gente conozca y acompañe a los representantes nacionales del deporte desde las sillas y sillones de múltiples hogares, implica extender el derecho, antes distribuido plutocráticamente, de acceder y participar de una de las expresiones más genuinas del pueblo. Ahora sí, millones de televisores de todos los tamaños y modelos prendidos al unísono en el mismo canal. Personas diferentes, con costumbres distintas, unidas aunque sea por un par de horas por una pasión compartida.


El deporte es reconocido por todos como una de las grandes cosas que puede tener una sociedad. Como tal, simboliza y agrupa muchos de los mejores atributos esperables en las personas, funciona como unificador e igualador social, otorga identidades y símbolos comunes y, entre otras cosas, muestra valiosos ejemplos de vida.


Estos atributos, y los muchos otros que el deporte posee, son ponderados aún más gracias a su ampliado impacto sobre el segmento juvenil de la sociedad, que tanto cuesta cautivar. Por lo tanto, la voluntad de minimizar en ciertos aspectos la mercantilización que experimenta el deporte no puede ser desestimada.


En no pocas ocasiones, desde acá se valoró el proceso de creciente integración latinoamericana que estamos viviendo desde hace ya algunos años. Nos toca ser espectadores, por qué no partícipes, de otro episodio de este proceso con la inauguración de la Casa Patria Grande Néstor Kirchner.


En el ámbito de la Unasur, se crea esta institución con el objetivo de formar un centro de estudios destinado a promover la integración de los pueblos latinoamericanos. Formaron parte de esta ceremonia el Presidente de Uruguay y el de Paraguay, Mujica y Lugo respectivamente, así como también lo hicieron algunos reconocidos personajes de la cultura de nuestro país.
Como el kirchnerismo nos tiene acostumbrados, la simbología en sus acciones no es un dato menor. El acto se realizó el 25 de febrero, día del nacimiento de Néstor Kircher, y el edificio que albergará la Casa es el mismo en el que funcionó el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.


Ambos acontecimientos son analizados por nosotros a partir de su importancia social. Evidencian a un gobierno que se mantiene fiel a ciertos principios que erigió como estandartes de su gestión y, de igual forma, mantienen vivo el legado del fallecido ex presidente.


Como era de esperar, conforme el paso del tiempo, la figura de Néstor aparece cada vez más grande en nuestro horizonte, y en los casos centrales de este artículo podemos rastrear su impronta decisiva.


En este año determinante que comenzamos a transitar, muchas de estas cuestiones estarán en disputa.


Hasta la próxima, siempre…


Winston Smith

domingo, 9 de enero de 2011

Olvidados

Ilusiones, promesas, necesidades, engaños, estafas, delitos…

Sin luz, sin agua, sin posibilidad, sin escape…Sin dignidad, sin salida…

Los últimos días salieron a la luz dos casos tan aterradores como indignantes. Se trata del descubrimiento de dos campos cercanos a San Pedro en los cuales había grupos de trabajadores en estado de esclavitud.

En los campos pertenecientes a importantes empresas, se registró la existencia de niños y adultos traídos desde Santiago del Estero y mantenidos en condiciones completamente indignas para la vida humana. El relato de las mismas genera incredulidad de parte de cualquier lector y, a su vez, la impresión de que se trata de algo que no se corresponde con este momento histórico.

La situación es la siguiente: las empresas en cuestión se dirigían hacia la provincia norteña en busca de mano de obra rural para desflorar maíz (sólo posible manualmente). No es difícil imaginar que lo que les prometían era muy distinto a lo efectivamente les daban. Se los atraía bajo el compromiso de una buena remuneración y condiciones de trabajo y vida adecuadas.

Sin embargo, al llegar se encontraban con muchas horas de trabajo diarias, las cuales eran sub-remuneradas. Como si fuera poco, estaban obligados a adquirir todo lo que deseaban en el lugar, a precios irrisorios, lo cual era descontado de su salario. Y hay más. Vivían hacinados, sin agua, electricidad, baños. No se los dejaba abandonar el lugar, bajo amenaza de un posible castigo a todo el grupo de trabajo. Algunos ni sabían dónde estaban.

Claramente era trabajo esclavo. Pero, ¿era trabajo? Cuando el trabajo es esclavo no es trabajo, sino esclavitud. Sabido es que los trabajadores rurales son, en general y sin que surja de un estudio científico, más precarizados, o al menos, más vulnerables a dicha práctica. Son, también, menos visibles desde la centralidad de Buenos Aires.

Nadie aceptaría este tipo de trabajos, este tipo de explotación con gusto. Eso está claro. Pero cuando se junta la necesidad con la carencia absoluta de educación se complejiza la situación. Por lo tanto, resulta del aprovechamiento de una relación asimétrica en la que prima, de un lado, la vulnerabilidad, el desconocimiento, y del otro, el aprovechamiento y la manipulación de esa condición.

Nuestro Código Civil prevé la posibilidad de que se generen situaciones asimétricas en las que prima, de un lado, la vulnerabilidad y el desconocimiento, y del otro, el aprovechamiento y la manipulación de esa condición. En efecto, el Art. 954 de dicho cuerpo normativo se refiere al "ESTADO DE NECESIDAD", y establece "También podrá demandarse la nulidad o la modificación de los actos jurídicos cuando una de las partes explotando la necesidad, ligereza o inexperiencia de la otra, obtuviera por medio de ellos una ventaja patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación. Se presume, salvo prueba en contrario, que existe tal explotación en caso de notable desproporción de las prestaciones." Pero la situación que aquí se analiza va mucho más allá. Estos empleadores (si es que así se los puede llamar) se encuentran infringiendo prácticamente toda la legislación laboral de este país e innumerables convenciones internacionales sobre Derechos Humanos.

Juegan con aquellos que necesitan dinero, trabajo y que están acostumbrados a soportar situaciones extremas. Algunos saben que los explotan y otros no, algunos saben cómo defenderse y otros no. El problema son los que no, los que no conocen sus derechos y los que no saben hacerlos respetar. Son personas que se las mantiene en esa condición porque a algunos otros les conviene y saben sacarle provecho.

Somos todos iguales ante la ley, todos tenemos los mismos derechos y la justicia debería alcanzarnos a todos por igual. Pero sabemos que no es así. Lo indignante de la situación es que la razón de ser del trabajo es negada y, aún más, la misma condición humana desaparece.

Manteniendo las opiniones que desde aquí expresamos en anteriores notas, estamos atravesando un tiempo en el que el Estado está recuperando su rol regulador y se está haciendo más presente en la defensa de los más débiles. Sin embargo, en este caso se enfrenta a una situación más compleja, en la cual debe ir en búsqueda de estas personas, debe ser él quien las encuentre y quien las proteja, pues de lo contrario puede que estas nunca acudan a él autónomamente, ya sea por ignorancia, imposibilidad o temor.

Se necesita un Estado activo para que investigue, procese, sancione y fundamentalmente prevenga este tipo de situaciones. La esclavitud ha sido abolida hace siglos. Deben arbitrarse las medidas necesarias para que la libertad no sea una mera abstracción.

Hasta la próxima, siempre…

Winston Smith

domingo, 26 de diciembre de 2010

Ejemplos

Qué difícil es escribir algo sobre la última dictadura militar que castigó a nuestro país y no caer en las cosas que se dicen siempre.

Pero por qué no debemos caer en ellas si cada vez que las leemos, nos siguen emocionando, si indefectiblemente se nos pone la piel de gallina y sentimos un nudo en la garganta.

Será porque las sentimos presentes. Razones hay, y muchas, para que así sea. 30.000.

El 24 de marzo de 1976 se ponía en marcha un proceso que iba a resignificar la historia, pasada y futura, de nuestro país. Como Nación debimos atravesar nuestro período más doloroso. Asesinatos, torturas, violaciones, detenciones masivas...las principales víctimas: los jóvenes de aquél entonces. La juventud del 70`. Pero los delitos que se cometieron fueron de tal magnitud y naturaleza, que nos afectaron y nos van a seguir afectando a TODOS siempre. Son de Lesa Humanidad.

Supimos sobrevivir y con grandeza. Los obstáculos y las resistencias también estuvieron presentes, pero aprendimos y dimos los pasos necesarios (todos los días debemos darlos) para que Nunca más pase algo así.

El juicio a las juntas militares fue un hecho sin precedentes en el mundo. Nunca se había visto que un país juzgue, en su territorio y bajo su ordenamiento jurídico, a los máximos responsables del terrorismo de Estado. Sin embargo, luego fuimos testigos de otros acontecimientos que empañaron un poco esa ejemplaridad.

Indultos, obediencia debida y punto final.

Es difícil no cuestionar a los autores de tales medidas que terminaron protegiendo y beneficiando a los dictadores. Si bien el hecho de haber sido ejecutadas en otro contexto -las FFAA continuaban revistiendo mucho poder y la democracia aún se encontraba frágil-, podría considerarse como un atenuante, es necesario tener en claro que las mismas nunca debieron ser tomadas.

De igual manera, celebramos, antes y ahora, la asunción en 2003 de un gobierno democrático que adoptó como política de Estado el juicio y castigo a los responsables de los mayores horrores. Fueron muchas las medidas adoptas en este sentido, y todas ellas importantes en nuestro camino hacia una sociedad que no olvide, no perdone y juzgue legalmente. Todas características que nos hacen maduros y responsables para con nuestro pasado y futuro.

La última semana fuimos testigos de un claro ejemplo de lo que venimos diciendo. En el marco de este proceso de justicia con nuestro pasado, se conocieron las sentencias a algunos genocidas que están siendo juzgados, entre ellos a Videla. Nada les devolverá sus hijos o nietos a las Madres y Abuelas, nada les borrará el sufrimiento a los miles de torturados. Pero cuando no hay justicia, el delito es doble, y por lo tanto, el Estado es doblemente responsable.

Ver a Videla sentado ante un tribunal de justicia, habiendo sido objeto de un procesamiento legal y recibiendo la condena a cadena perpetua, no deja mucho más por decir. Es el mejor ejemplo que nos podemos dar como sociedad, a nosotros, a los que vendrán y al mundo entero.

Cuando el entonces presidente de la Nación, Néstor Kirchner, manifestó en la Asamblea de las Naciones Unidas que eramos todos hijos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo dijo, seguramente, una gran verdad que pocos se hubiesen animado a decir.

Porque si vivimos en la mentira y la complicidad no somos dignos de enfrentar nuestra historia.

Hasta la próxima, siempre…

Winston Smith

domingo, 19 de diciembre de 2010

Los de siempre

La fuerza del discurso dominante es muy grande. Su posición le permite gozar de ciertos privilegios que los demás discursos en pugna no poseen. Sus defensores son, por lo general, mayores en número y en poder, y sus detractores, los verdaderos, los que no se venden al mejor postor, deben luchar ferozmente por sobrevivir.

El neoliberalismo consiguió su reinado, en nuestro caso como en el de muchos otros países, a costa de fuerza y sangre. La última dictadura militar que nos castigó fue la responsable de su instalación como paradigma dominante, siendo este uno de sus profundos legados.

Los gobiernos que restablecieron el control civil del Estado no quisieron alejarse de esos cimientos económicos, políticos y sociales que habían establecido los militares. Pero ya no hacía falta el uso del terror como lo llegamos a conocer por esos tiempos. Sin embargo, la violencia iba a decir presente bajo otras caras: hambre, pobreza, privación de derechos.

La idea matriz que guiaba el discurso era el libre juego de la economía, era el retiro del Estado, era la no interferencia entre los privados, era la esperanza del derrame.
El resultado es bien conocido. Los únicos beneficiarios fueron los de siempre, los más fuertes. La supervivencia del más apto en términos puramente económicos. Y el derrame que nunca llegaba, que nunca llegó.

Tras la falaz apariencia de un bienestar general, que rápidamente desnudó su fragilidad, se ocultaba la continua y profunda erosión de los cimientos de una sociedad justa e igualitaria.

El anochecer neoliberal (por poetizar la terminología) generó lesiones sociales, políticas y económicas muy profundas. La salud, la educación, la cultura, por citar algunas, sufrían heridas de las cuales parecía difícil recuperarse.

Sin embargo, luego del anochecer neoliberal llegó la hora, siguiendo con la poesía, de un despertar estatista. Encontramos la solución que muchos buscábamos y muchos otros querían que no encontremos.

Un Estado presente, activo, redistribuidor. Un Estado que vele por la supervivencia de aquellos a los cuales las fuerzas del mercado se lo hacían muy difícil. Si no era el Estado, quién sería. La torta podía agrandarse, pero los pedazos más chicos lo eran cada vez más, mientras que los más grandes también crecían.

Entonces apareció el Estado como una poderosa llave para solucionar ciertos problemas. Es el único que tiene la capacidad para enfrentar, y vencer, a los poderes que no querían que nada cambie.

Es un notable acontecimiento el destrone del neoliberalismo como discurso dominante. Es un paso nomás, pero quizás el más complicado de dar.

La lucha debe ser constante y debe dar continuos signos de vitalidad. La inclusión debe avanzar cada vez más, y no satisfacernos con estos primeros pasos.

Sólo así evitaremos un nuevo embate neoliberal. Sólo así seremos una Nación más justa e igualitaria.

Hasta la próxima, siempre…

Winston Smith

domingo, 12 de diciembre de 2010

¿Está bueno?

“…y a todos aquellos que quieran habitar el suelo argentino…”


Infantil sería desconocer que las expresiones xenófogas existen en todas las sociedades, estén más o menos extendidas. Ingenuo sería pensar e intentar que así no sea.


En una sociedad democrática no podemos impedir este tipo de manifestaciones discriminatorias. Lo que sí podemos es condenar enérgicamente cada una de ellas.


Una situación en la que una personalidad política, incluso con aspiraciones presidenciales, haga una declaración de este tipo no deja de sorprendernos. Y en el momento en que la hace, más aún. No está bueno, Mauricio. No es PRO.


Bueno estaría que se haya preocupado por tratar un problema tan importante como el de la vivienda. Bueno estaría que no haya subejecutado el presupuesto asignado a la construcción de viviendas. Bueno estaría que dé el mismo trato e importancia a todas las zonas de la Ciudad. Pero no sería PRO seguramente.


Partiendo del supuesto de que la ignorancia o la falta de información no fue lo que motivo la declaración, caemos en un discurso retrógrado propio de la derecha conservadora. Es la vinculación lineal, falaz por supuesto, de asociar a los inmigrantes de los países limítrofes con el narcotráfico, el terrorismo, la inseguridad.


El problema es que el pedido de endurecer las políticas inmigratorias interpela a numerosos segmentos de la población que se sienten identificados. Haciéndolo, activan, confirman o dan fuerza a pensamientos que responden a lo más oscuro de la naturaleza humana.


No descubrimos nada diciendo que Argentina es un país que, post colonización, así como dio, recibió mucho de la inmigración. Fue un país que abrió sus puertas a muchas personas que buscaban oportunidades o escapaban de guerras. Muchas veces no habrá sido lo que soñaban o les prometían, pero sin duda fue un lugar que aceptó y respetó la diversidad cultural.


Quizás sea esa mezcla de nacionalidades una de las mayores riquezas que atesora nuestro país. No sólo la mezcla en sí, sino la aceptación de ella.


Debería ser motivo de orgullo vivir en un país que siga aceptando sin mayores restricciones a quienes quieran habitarlo. Ser solidarios como sociedad ante quienes lo necesitan, otorgando derechos y responsabilidades es algo que nos enaltece.


Hasta la próxima, siempre…


Winston Smith

sábado, 20 de noviembre de 2010

Soberanía

La Confederación Argentina enfrentaba tiempos difíciles, interna y externamente. Gobernada por Juan Manuel de Rosas buscaba la afirmación de una soberanía naciente, en una nación por entonces no definida y con componentes que no se reconocían como tales.



Las tropas anglofrancesas, el ejército más poderoso del mundo por esos años, se dirigían a las costas del Río de La Plata con un objetivo claro y, podríamos decir, propio de las potencias dominantes cualquiera sea el momento histórico: asegurar la libre navegación de los ríos. Buscaban asegurar que ningún intento de regulación se efectúe y así abrir las puertas al ingreso irrestricto de sus productos.



A la fuerza. Suena familiar.



Finalmente, la batalla se produjo el 20 de noviembre de 1845 en una pequeña localidad llamada Vuelta de obligado, situada en las cercanías de San Pedro. Como dijimos, se enfrentaron las tropas anglofrancesas, superiores en armamento, preparación y cantidad, con las de la Confederación Argentina.



La historia de la heroica y victoriosa defensa de las milicias comandadas por Lucio Mansilla no nos atañe directamente. Sí, ciertas reflexiones que dichos acontecimiento despiertan.



La historia de una nación constituye el pasado común de un pueblo y, como tal, posee una función social unificadora. Es una re-construcción arbitraria e intencionada que responde a la correlación de fuerzas en un momento histórico determinado, en busca de su materialización. Aquellos que detentan el poder eligen sobre qué y quiénes posar la lupa de la historia, así como por dónde no pasará.



La soberanía se puso en juego en 1845 y se pone en juego continuamente. El derecho de una nación a autodeterminarse, a decidir sobre su propio destino según sus intereses, es algo que se amenaza y se defiende no sólo militarmente. Quizás cuando no adquiere esa forma es cuando sea más peligroso.



Sabemos de sectores dominantes dispuestos a vender nuestra soberanía al mejor postor. Las dictaduras militares que regaban nuestro continente en la década de los ´80 son claros ejemplos de olvidos de la soberanía, de negación a pueblos enteros el derecho a elegir su propio camino. No nos sorprende la noticia de la confirmación de la injerencia de Estados Unidos en la dictadura pinochetista en Chile, seguramente no sea el único país.



Amenazas a la soberanía por parte de ejércitos extranjeros, por parte de grupos económicos multinacionales. Las amenazas a la soberanía van mutando, van acomodándose a los nuevos tiempos.



La negativa del Gobierno Argentino a ser auditado por el Fondo Monetario Internacional, es la negativa de una nación libre a ceder parte de su soberanía. Es la defensa del derecho a regir nuestros destinos.



Antes con las armas. Ahora con las ideas y las convicciones.



Los tiempos cambian, aunque algunos no quisieran.



Hasta la próxima, siempre…



Winston Smith

domingo, 14 de noviembre de 2010

Mirábamos. Miramos.

América Latina sin duda sabe de crisis. Sabe, y mucho, de desigualdades. Sabe, y desde hace mucho, de explotaciones. Sabe de injusticias. Sabe de pagar deudas y costos no propios. Sabe de ser dominado.


Pero también América Latina sabe de luchas. Sabe, y mucho, de esfuerzo. Sabe de solidaridad. Sabe de convicciones. Sabe de utopías. Sabe de equivocaciones. Sabe de pueblos valiosos.


Son, estos, tiempos de una América Latina unida, fuerte y solidaria entre sí. Son tiempos en los cuales, como dijo Cristina Kirchner, quizás como nunca los mandatarios de la región reflejen y representes a sus pueblos.


En todos los momentos donde se puede ver a los presidentes latinoamericanos juntos emerge fácilmente la unidad y el respeto mutuo. No estamos exentos de conflictos o crisis, ya sea internas o entre nuestros países, y sin embargo las soluciones conjuntas y pacíficas son una costumbre.


Quizás, como nunca antes, estemos haciéndonos dueños de nuestro destino. En otros momentos de la historia quedábamos presos del discurso dominante que nos posicionaba en una situación de pobreza y debilidad (no necesariamente ficticio), y por lo tanto, a la espera de las recetas y soluciones de “expertos”.


Recetas y soluciones importadas que no eran para nuestro beneficio, o para el de la mayor parte de nosotros. Se sostenía una situación de dominación que se extendía hacia varios aspectos de la vida: económica, cultural, política.


Mirábamos hacia Europa.


No mirábamos al interior de nuestros países, o de nuestra región. Invisibilizabamos, seguramente sigamos haciéndolo, las profundas desigualdades que albergamos. Desconocíamos, queremos creer que esto empezó a cambiar, nuestras propias particularidades.


La dictadura de mercado es muy cruel y sangrienta. Mata, sin piedad, hombres y mujeres. Mata, sin piedad, solidaridad entre hermanos. Es una dictadura porque no tiene frenos, y es también porque no la elegimos.


Muchas cosas, desde hace algún tiempo, nos demuestras que las cosas están cambiando. La unidad de las naciones latinoamericanas es una de ellas. La negativa a la intromisión de organismos externos en nuestros asuntos es otra.


Es un camino largo, complejo, en el cual emergen permanentemente elementos del pasado que luchan por volver. Episodios como los de Grecia o los recientes de Francia, nos señalan que estamos por el camino correcto. Al menos, el nuestro.


La unidad latinoamericana, con estas características, es una novedad que nos enorgullece como pueblos hermanos que somos.


Hasta la próxima, siempre…


Winston Smith

domingo, 17 de octubre de 2010

Sala de espera


“El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las
que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada
limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital
móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las
empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección;
protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público;
organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción
en un registro especial.Queda garantizado a los gremios: concertar convenios
colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de
huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el
cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su
empleo.El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá
carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro
social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales
con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con
participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes;
jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la
defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a
una vivienda digna”
[1].



Partamos de una concepción amplia del concepto trabajo. El trabajo, como tal, le proporciona a la gran mayoría de las personas el sustento necesario para llevar adelante su vida, es decir, por medio de él obtienen un salario que les permite satisfacer sus necesidades. A su vez, trabajando se dignifican y obtienen derechos básicos, o por lo menos deberían obtenerlos.

En el potencial utilizado hacia el final del párrafo anterior radica el problema. El mundo del trabajo, sin dudas uno de los más masivos que hay, no es siempre garantía de sujetos del pleno derecho. Estamos hablando de flexibilización y precarización laboral.

El neoliberalismo, teniendo en Argentina su época de esplendor en los años ´90 con el menemismo, dejó una profunda huella en nuestro país que incluso puede remitirse a la última dictadura militar. Fueron años, entre otras cosas que los argentinos bien recordamos, de desregulación del mercado laboral, de retiro del Estado, de desprotección de los más débiles.

No es aventurado decir que es más fácil desarticular ciertas conquistas sociales o destruir las redes de solidaridad de una sociedad que volver a erigirlas. Por lo tanto, podemos comprender cómo las reformas neoliberales extienden su influencia tantos años después.

Centrémonos en nuestro tema: el mercado laboral de hoy en día. En nuestro país los trabajadores, y estamos refiriéndonos tanto a profesionales como no, con el objetivo ingresar al mercado muchas veces se ven obligados a aceptar condiciones que no son las adecuadas y, a pesar de ello, pareciera que deben estar agradecidos por tener la posibilidad de trabajar.

Se observa la proliferación de tan diversas como irregulares formas de contratación de personal, todo el ingenio puesto al servicio de una lógica por la cual se persigue el ahorro del empleador a costa del trabajador con un aura (muy débil por cierto) de legalidad.

Resultado: trabajadores que no perciben nada más allá del salario. Sin aguinaldo ni estabilidad laboral, con los aportes previsionales y la obra social a su cargo y sin protección gremial obtenemos como consecuencia un trabajador frágil y completamente sujeto a la voluntad del empleador. Preso de contratos volátiles, con una duración predeterminada y sin complicaciones para su rescisión, el trabajador puede dejar de serlo de un instante para el otro. Por lo tanto, deberá ser lo más disciplinado posible y agradecer la posibilidad que tiene de trabajar, ya que continuamente se le recordará que la sala de espera para reemplazarlo está llena.

En esas condiciones es obvio que el trabajo ni dignifica ni libera, ni es un ámbito propicio para la realización personal, sino todo lo contrario, se vuelve un ámbito de opresión y explotación (tal vez el más importante y el más viejo de la historia).

Las cosas claras: el trabajador en relación de dependencia tiene que gozar de los derechos que le provee la legislación laboral, que se creó y desarrolló con un objeto primordial: protegerlo. ¿Qué acuerdo de voluntades, qué contrato puede celebrarse entre partes tan desiguales? El derecho del trabajo viene a brindarnos herramientas para corregir esa situación, al amprar a la parte débil, a la que tiene que poner lo más preciado que posee: su tiempo y que necesita de la remuneración para comer, vestirse y vivir.

Evidentemente, y aún hoy en el 2010, a los empleadores les cuesta entender que no tienen la facultad de elegir si cumplen o no con las obligaciones que surgen de la constitución, y de las leyes que se dictan en su consecuencia. Joaquín V Gonzáles decía "No son, como puede creerse, las «declaraciones, derechos y garantías», simples fórmulas teóricas: cada uno de los artículos y cláusulas que las contienen poseen fuerza obligatoria para los individuos, para las autoridades y para toda la Nación. (...)".

La sala de espera está llena.

Hasta la próxima, siempre…

Winston Smith


[1] Artículo 14 bis de la Constitución Nacional Argentina.